Siempre me he esforzado en concentrarme para no permitir que todo me supere y no estallar. Me he pintado una sonrisa en la cara, pero el dolor la ha desgastado y la tinta está desapareciendo...
Cada día me mantengo firme y, mientras los demás a mi alrededor se derrumban, yo aprieto los puños y les intento convencer de que las cosas estarán bien, que nada es eterno, ni siquiera el dolor, y que hay que seguir siempre adelante. Les aporto toda la fuerza de la que soy capaz, haciendo cuanto esté en mi mano para que puedan sonreír y sentirse mejor. Pero después de tanto tiempo dando todo de mí, he terminado por quedarme yo sin fuerzas. Siento el peso de unas cadenas que me oprimen el corazón y todo el dolor y la decepción que llevaban encerrados tanto tiempo bajo llave han asomado por entre las grietas cada vez más profundas de mi ser y ahora me invaden por completo.
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¿Tienes idea de lo mucho que duele darlo todo por personas que acaban por decepcionarte? ¿La de grietas que se forman con cada traición?
He agotado las fuerzas que me quedaban y, aún así, me duermo todas las noches entre lágrimas para despertarme por la mañana con una sonrisa y aguantar el tipo el resto del día.
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