You threw me into the fire without checking if I was a witch...
lunes, 27 de julio de 2015
sábado, 18 de abril de 2015
I believe in now
Sinceramente, desde siempre he pensado que nada en esta vida es eterno. Las cosas se desgastan con el tiempo, pierden fuerza. Sobretodo los sentimientos. Pero esto no quiere decir que sólo valore aquellas cosas que se esfuman rápido y duran muy poco. Al contrario, esas cosas son a las que menos les presto atención, porque pasan por mi vida tan velozmente que no tienen tiempo de dejar una huella.
Lo que quiero decir cuando digo que para mí nada es eterno, es que no creo que exista un "siempre" para nada. Al fin y al cabo, queramos o no, a lo largo de los años cambiamos nosotros y cambia nuestro entorno. Y eso, sin que podamos evitarlo, cambia lo que sentimos.
Es muy bonito eso de estar en una relación y no parar de repetir la retahíla de "estaremos juntos siempre", pero, sinceramente, eso es algo que yo veo muy irreal. Uno no sabe cómo es el futuro, qué obstáculos habrá en el camino o si la persona cambiará. Personalmente, a día de hoy, no he sido testigo de una sola relación (de amistad o de amor) que de verdad haya cumplido esa promesa. No pretendo desmerecer a aquellas parejas enamoradas que bajo el velo del amor no pueden evitar mirar hacia adelante e imaginarse juntos toda la vida, es simplemente que, tal y como yo lo veo, una promesa así no es muy fácil de cumplir.
No creo en lo eterno, pero tampoco en lo efímero. Creo en el momento. Creo en disfrutar los minutos del día con pasión y valor. Creo en exprimir cada instante y vivirlo como si fuera el último. Creo en hallar un sentimiento que duela tanto por lo hermoso que es y ser capaz de aprender de él cuando se vaya, cuando llegue el momento de que se agote. Creo en el ahora. No en un futuro incierto ni en un pasado impermutable, si no en un presente real.
Lo que quiero decir cuando digo que para mí nada es eterno, es que no creo que exista un "siempre" para nada. Al fin y al cabo, queramos o no, a lo largo de los años cambiamos nosotros y cambia nuestro entorno. Y eso, sin que podamos evitarlo, cambia lo que sentimos.
Es muy bonito eso de estar en una relación y no parar de repetir la retahíla de "estaremos juntos siempre", pero, sinceramente, eso es algo que yo veo muy irreal. Uno no sabe cómo es el futuro, qué obstáculos habrá en el camino o si la persona cambiará. Personalmente, a día de hoy, no he sido testigo de una sola relación (de amistad o de amor) que de verdad haya cumplido esa promesa. No pretendo desmerecer a aquellas parejas enamoradas que bajo el velo del amor no pueden evitar mirar hacia adelante e imaginarse juntos toda la vida, es simplemente que, tal y como yo lo veo, una promesa así no es muy fácil de cumplir.
No creo en lo eterno, pero tampoco en lo efímero. Creo en el momento. Creo en disfrutar los minutos del día con pasión y valor. Creo en exprimir cada instante y vivirlo como si fuera el último. Creo en hallar un sentimiento que duela tanto por lo hermoso que es y ser capaz de aprender de él cuando se vaya, cuando llegue el momento de que se agote. Creo en el ahora. No en un futuro incierto ni en un pasado impermutable, si no en un presente real.
sábado, 29 de noviembre de 2014
Sala Samobójców
¿Suicidarme? No, claro que no. ¿Por qué querría hacer algo así? No. ¿Para qué? No solucionaría nada.
No, verás, considero que la vida es el mayor y más hermoso regalo que el universo te puede hacer. El hecho de que me haya tocado una vida defectuosa no significa que vaya a tirarla por la borda. Las cosas cuando se estropean no se tiran directamente a la basura: primero se intentan arreglar.
¿Que por qué los cortes en las muñecas? Claro, alguien como tú no lo puede entender. Bueno, en primer lugar, has de saber que si me quisiera suicidar no lo haría cortándome las venas. No, por supuesto que no. Simplemente dejaría que un bote entero de pastillas se deslizaran por mi garganta.
¿Entonces los cortes son para llamar la atención? Si fuera así no me pasaría el día intentando ocultarlos con muñequeras y pañuelos, si no que los dejaría a la vista de todos. Y si alguna vez los has visto, no ha sido más que por un descuido mío, no son más que "arañazos de gato".
Así que no te preocupes cuando veas mis muñecas sangrando o con cicatrices de cortes viejos o heridas abiertas. Preocúpate el día que veas asomar en mi mochila un bote de pastillas.
No, verás, considero que la vida es el mayor y más hermoso regalo que el universo te puede hacer. El hecho de que me haya tocado una vida defectuosa no significa que vaya a tirarla por la borda. Las cosas cuando se estropean no se tiran directamente a la basura: primero se intentan arreglar.
¿Que por qué los cortes en las muñecas? Claro, alguien como tú no lo puede entender. Bueno, en primer lugar, has de saber que si me quisiera suicidar no lo haría cortándome las venas. No, por supuesto que no. Simplemente dejaría que un bote entero de pastillas se deslizaran por mi garganta.
¿Entonces los cortes son para llamar la atención? Si fuera así no me pasaría el día intentando ocultarlos con muñequeras y pañuelos, si no que los dejaría a la vista de todos. Y si alguna vez los has visto, no ha sido más que por un descuido mío, no son más que "arañazos de gato".
Así que no te preocupes cuando veas mis muñecas sangrando o con cicatrices de cortes viejos o heridas abiertas. Preocúpate el día que veas asomar en mi mochila un bote de pastillas.
lunes, 13 de enero de 2014
Nothing last forever... not even pain?
Resulta muy curioso que lo que antes era mi propio mantra ahora se haya convertido en algo bastante cuestionable para mí. Creo que he llegado a un punto en el que ya no puedo más, que todas aquellas cosas que me ayudaban a soportarlo se han ido, que los keep moving forward van perdiendo cada vez más fuerza y los nothing last forever, not even pain tienen menos sentido...
Siempre me he esforzado en concentrarme para no permitir que todo me supere y no estallar. Me he pintado una sonrisa en la cara, pero el dolor la ha desgastado y la tinta está desapareciendo...
Cada día me mantengo firme y, mientras los demás a mi alrededor se derrumban, yo aprieto los puños y les intento convencer de que las cosas estarán bien, que nada es eterno, ni siquiera el dolor, y que hay que seguir siempre adelante. Les aporto toda la fuerza de la que soy capaz, haciendo cuanto esté en mi mano para que puedan sonreír y sentirse mejor. Pero después de tanto tiempo dando todo de mí, he terminado por quedarme yo sin fuerzas. Siento el peso de unas cadenas que me oprimen el corazón y todo el dolor y la decepción que llevaban encerrados tanto tiempo bajo llave han asomado por entre las grietas cada vez más profundas de mi ser y ahora me invaden por completo.
El dolor antiguo y el nuevo se dan la mano y adquieren poder. Ya ni siquiera las pocas cosas buenas que he conseguido arañar a lo largo de los años me ayudan a aguantar... Cuando algo te consume por completo, cuando el dolor, la impotencia y el vacío se instalan firmemente en tu interior, ni siquiera las pocas cosas buenas que consigas tener harán que nada valga la pena. Porque lo malo sigue estando ahí, no ha desaparecido y absolutamente nadie puede cambiar eso.
¿Tienes idea de lo mucho que duele darlo todo por personas que acaban por decepcionarte? ¿La de grietas que se forman con cada traición?
He agotado las fuerzas que me quedaban y, aún así, me duermo todas las noches entre lágrimas para despertarme por la mañana con una sonrisa y aguantar el tipo el resto del día.
Siempre me he esforzado en concentrarme para no permitir que todo me supere y no estallar. Me he pintado una sonrisa en la cara, pero el dolor la ha desgastado y la tinta está desapareciendo...
Cada día me mantengo firme y, mientras los demás a mi alrededor se derrumban, yo aprieto los puños y les intento convencer de que las cosas estarán bien, que nada es eterno, ni siquiera el dolor, y que hay que seguir siempre adelante. Les aporto toda la fuerza de la que soy capaz, haciendo cuanto esté en mi mano para que puedan sonreír y sentirse mejor. Pero después de tanto tiempo dando todo de mí, he terminado por quedarme yo sin fuerzas. Siento el peso de unas cadenas que me oprimen el corazón y todo el dolor y la decepción que llevaban encerrados tanto tiempo bajo llave han asomado por entre las grietas cada vez más profundas de mi ser y ahora me invaden por completo.
El dolor antiguo y el nuevo se dan la mano y adquieren poder. Ya ni siquiera las pocas cosas buenas que he conseguido arañar a lo largo de los años me ayudan a aguantar... Cuando algo te consume por completo, cuando el dolor, la impotencia y el vacío se instalan firmemente en tu interior, ni siquiera las pocas cosas buenas que consigas tener harán que nada valga la pena. Porque lo malo sigue estando ahí, no ha desaparecido y absolutamente nadie puede cambiar eso.¿Tienes idea de lo mucho que duele darlo todo por personas que acaban por decepcionarte? ¿La de grietas que se forman con cada traición?
He agotado las fuerzas que me quedaban y, aún así, me duermo todas las noches entre lágrimas para despertarme por la mañana con una sonrisa y aguantar el tipo el resto del día.
domingo, 10 de noviembre de 2013
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Once minutos
“Ella sintió ganas de decir que lo amaba. Pero eso lo estropearía todo, podía asustarlo o, lo que era peor, podía hacer que respondiese que él también la amaba.”
Paulo Coelho
domingo, 27 de octubre de 2013
Fear
Es inevitable sentir miedo.
Miedo a perder, miedo a no alcanzar nuestras metas, miedo a no ser suficiente para la persona que queremos... miedo a nosotros mismos. Y, en muchas ocasiones, es bueno sentir miedo, pues nos impide cometer las mayores imprudencias. Sin embargo, no lo es la mayor parte del tiempo...
El miedo es, probablemente, el mayor obstáculo que encontraremos en nuestra vida. Es el miedo el que nos impide disfrutar de los deportes extremos. Es el miedo el que te paraliza o te hace temblar la voz cuando estás frente a la persona que hace revolotear cientos de bichitos con alas en tu estómago. Es el miedo el que te impide ponerte un vestido corto por si los demás no te ven bonita.
Existen muchos tipos de miedo: arañas, payasos, aviones, alturas, serpientes... Pero, sinceramente, pienso que el peor miedo es el que sale de nosotros. El miedo son las inseguridades, los complejos, los tormentos, los corazones rotos... Miedo a que se rían de ti, a que no te acepten, a no ser suficiente, a que te dañen...
Es tan fácil sentir miedo... Por eso se vuelve fuerte, por eso se apodera de nosotros, nos vuelve estúpidos e inconscientes, porque sentir miedo es inevitable y luchar contra él cuesta. Te hace sentir como si estuvieses en una jaula, en una prisión de hierro cuyos barrotes te impiden seguir adelante, enfrentarte a lo que tienes ante ti. Te da una sensación de falsa seguridad, como si dentro de esa jaula estuvieses a salvo de todo mal, como si nada pudiese hacerte daño.
Pero todo eso es mentira.
El miedo no es más que un gran estratega, un viejo y astuto zorro que acecha por las esquinas buscando el más mínimo signo de debilidad. Consigue apoderarse hasta de los más valientes, volviéndolos vulnerables ante las cosas más insignificantes. Y quien diga que nunca ha tenido miedo, miente. Porque el miedo es muy sagaz y conseguirá apoderarse hasta de las mentes más brillantes.
Tenemos que aprender a ser fuertes, a saber vencer al miedo, porque si no lo hacemos podríamos estar perdiéndonos cosas maravillosas. Y debemos aprender, sobretodo, a vencer el miedo al dolor.
Nadie puede asegurarnos que las cosas a las que queremos hacer frente no nos harán daño. Nadie puede darnos la seguridad de que no nos van a romper el corazón. Pero tampoco pueden asegurarnos lo contrario. Entonces, ¿cómo saberlo? Arriesgando.
Si algo nos hace sentir bien, si alguien nos hace sentir bien, dejar que el miedo se apodere de nosotros y lidere nuestros pensamientos será lo que nos cause dolor. Si bien no es fácil hacerle frente después de que experiencias anteriores resultasen desastrosas, no podemos negarnos la oportunidad de saber si saldrá bien... Los corazones rotos son las criaturas más frágiles que existen y el miedo se aprovecha de ellos para hincharse de poder. ¿Por qué permitírselo? Hay que hacerle frente porque, si permitimos que siga ahí y controle nuestras acciones, nuestro corazón comenzará a marchitarse. Porque un corazón, aún roto y frágil, si no late se muere.
No permitamos que el miedo se nutra de nosotros. No permitamos que nos haga sentir vulnerables. Abandonemos los complejos, las inseguridades y el dolor, porque son su alimento. Si queremos algo, luchemos por ello, aún cuando en el fondo sintamos que no es para nosotros. Es el miedo quien habla, es él quien te susurra al oído y te dice que aquello que quieres, que aquel a quien quieres, es más de lo que puedes aspirar, que no es para ti, que jamás podrás conseguirlo. Ahoga sus palabras, sonríe y ve a por ello. No temas al dolor. No temas a la decepción.
Sigue adelante y dile adiós al temor.
Miedo a perder, miedo a no alcanzar nuestras metas, miedo a no ser suficiente para la persona que queremos... miedo a nosotros mismos. Y, en muchas ocasiones, es bueno sentir miedo, pues nos impide cometer las mayores imprudencias. Sin embargo, no lo es la mayor parte del tiempo...
El miedo es, probablemente, el mayor obstáculo que encontraremos en nuestra vida. Es el miedo el que nos impide disfrutar de los deportes extremos. Es el miedo el que te paraliza o te hace temblar la voz cuando estás frente a la persona que hace revolotear cientos de bichitos con alas en tu estómago. Es el miedo el que te impide ponerte un vestido corto por si los demás no te ven bonita.
Existen muchos tipos de miedo: arañas, payasos, aviones, alturas, serpientes... Pero, sinceramente, pienso que el peor miedo es el que sale de nosotros. El miedo son las inseguridades, los complejos, los tormentos, los corazones rotos... Miedo a que se rían de ti, a que no te acepten, a no ser suficiente, a que te dañen...
Es tan fácil sentir miedo... Por eso se vuelve fuerte, por eso se apodera de nosotros, nos vuelve estúpidos e inconscientes, porque sentir miedo es inevitable y luchar contra él cuesta. Te hace sentir como si estuvieses en una jaula, en una prisión de hierro cuyos barrotes te impiden seguir adelante, enfrentarte a lo que tienes ante ti. Te da una sensación de falsa seguridad, como si dentro de esa jaula estuvieses a salvo de todo mal, como si nada pudiese hacerte daño.
Pero todo eso es mentira.
El miedo no es más que un gran estratega, un viejo y astuto zorro que acecha por las esquinas buscando el más mínimo signo de debilidad. Consigue apoderarse hasta de los más valientes, volviéndolos vulnerables ante las cosas más insignificantes. Y quien diga que nunca ha tenido miedo, miente. Porque el miedo es muy sagaz y conseguirá apoderarse hasta de las mentes más brillantes.
Tenemos que aprender a ser fuertes, a saber vencer al miedo, porque si no lo hacemos podríamos estar perdiéndonos cosas maravillosas. Y debemos aprender, sobretodo, a vencer el miedo al dolor.
Nadie puede asegurarnos que las cosas a las que queremos hacer frente no nos harán daño. Nadie puede darnos la seguridad de que no nos van a romper el corazón. Pero tampoco pueden asegurarnos lo contrario. Entonces, ¿cómo saberlo? Arriesgando.
Si algo nos hace sentir bien, si alguien nos hace sentir bien, dejar que el miedo se apodere de nosotros y lidere nuestros pensamientos será lo que nos cause dolor. Si bien no es fácil hacerle frente después de que experiencias anteriores resultasen desastrosas, no podemos negarnos la oportunidad de saber si saldrá bien... Los corazones rotos son las criaturas más frágiles que existen y el miedo se aprovecha de ellos para hincharse de poder. ¿Por qué permitírselo? Hay que hacerle frente porque, si permitimos que siga ahí y controle nuestras acciones, nuestro corazón comenzará a marchitarse. Porque un corazón, aún roto y frágil, si no late se muere.
No permitamos que el miedo se nutra de nosotros. No permitamos que nos haga sentir vulnerables. Abandonemos los complejos, las inseguridades y el dolor, porque son su alimento. Si queremos algo, luchemos por ello, aún cuando en el fondo sintamos que no es para nosotros. Es el miedo quien habla, es él quien te susurra al oído y te dice que aquello que quieres, que aquel a quien quieres, es más de lo que puedes aspirar, que no es para ti, que jamás podrás conseguirlo. Ahoga sus palabras, sonríe y ve a por ello. No temas al dolor. No temas a la decepción.
Sigue adelante y dile adiós al temor.
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